Dicen que en la vida nada es blanco o negro, que todo se tiñe de diversas capas de gris, y que los fundamentalismos deberían erradicarse de cualquier opinión que intente ser mínimamente objetiva. Debo ser de los pocos que intentan seguir este postulado, a tenor de la proliferación de encuestas que hay en internet, en periódicos teóricamente serios y en programas radiofónicos. Hoy mismo, en una emisora de radio preguntaban “¿Tiene capacidad de decidir sobre su vida una menor?”. Envíe un mensaje al 777 con el “Sí” o el “No”, precio 1 euro más IVA. Obviamente, se referían al caso de Hannah Jones, la niña británica que ha rechazado un trasplante de corazón que podría alargarle la vida una década a cambio de un más que previsible sufrimiento y la incerteza del éxito de la operación. Y francamente, si hay un caso con matices de entre todas las desgracias que conforman la actualidad periodística sería éste, y de calle. ¿Cómo se puede contestar con un “sí” o un “no” a una pregunta como ésa sin ponerse en la piel de los implicados?
En realidad, cualquier pregunta tipo encuesta que se refiera a hechos subjetivos resulta imposible de responder a la práctica con un “sí” o con un “no”. En todo caso con un “sí, pero” o un “no, pero” seguidos de una breve argumentación, y por eso siempre me he resistido a contestar a cualquier tipo de encuesta, aunque no tenga que pagar el coste del mensaje. Escojamos una pregunta radicalmente opuesta, el menos en cuanto a trascendencia. La encuesta del Marca sobre el ridículo del Madrid, por ejemplo, aparentemente sencilla de contestar, serviría como ejemplo frívolo y trivial. Piénsenlo: la pregunta tiene muchos matices. ¿El mayor ridículo de la historia? De entrada, la desconozco al completo, así que no puedo en principio opinar. Después, en Copa del Rey yo me quedaría con “el Centenariazo”, pero por un aspecto meramente simbólico. Finalmente, no creo que la palabra “ridículo” sea aplicable al caso. “Fracaso”, tal vez, pero más ridículas me parecen las últimas elecciones a la presidencia que una derrota deportiva. Aunque claro, las elecciones no tienen que ver con la Copa del Rey…
En todo caso, si hay algo que me fascina de las preguntas de “Sí” o “No”, y en eso las de La Vanguardia son un caso muy ilustrativo, es el de la gente que se toma la molestia de contestar con un “No sabe/No contesta”. Aunque pensándolo mejor, a lo mejor ésa es la opción que deberíamos escoger todos.
11 months ago
Hoy ha vuelto a ocurrir: pongo las noticias del mediodía y, a la hora de pasar a las informaciones deportivas, el tono del telediario pasa del transcendentalismo propio de las crónicas de sucesos y de las noticias internacionales al desenfreno y jolgorio ya tan característicos cuando se cambia de presentador. Ejemplo del día: el Barça en la Champions League. El equipo recibía al Basilea (al que goleó en el partido de ida), y el comentarista acompaña unas imágenes del jugador del Barça Piqué dando un traspié al subir al autocar del club con el chascarrillo: “no esperamos que esta noche se produzca ningún tropiezo”. Festival del humor. Parto pecho, parto pecho. (Y encima, gafes, porque tras el partido, empate a uno e Iniesta lesionado).
Ya puestos a tirar de chistes malos, sugeriría a los responsables del telediario que hicieran extensivo esta clase de humor al resto de las informaciones. El nivel tampoco subiría demasiado, pero al menos haría presencia un cierto tipo de humor negro que, por políticamente incorrecto, tendría algo de transgresor y sublevaría a las masas. ¿Se imaginan a Matías Prats concluyendo la noticia del último atentado de ETA con un “parece que en el País Vasco se lo pasan bomba”?
¿Cómo? ¿Que no les ha hecho gracia? A mí tampoco los chistes de los deportes, pero me aguanto y me limito a protestar en mi blog.
1 year ago